Mamá también llora

Ser madre me ha hecho inmensamente feliz. No hay huecos… Saltó los charcos con mi pequeña, nos reímos juntas, nos pringamos mutuamente de Nocilla, cogemos lápices de colores para pintarnos corazones en ambas manos (uno por mamá, uno por…) y hacemos “nuestras” las canciones. Le hago cosquillas, se esconde para que la persiga, montamos a “borriquito” por toooda la casa…

Pero al ser madre he descubierto, también, que la tristeza de los malos momentos se ahonda. Físicamente tus rodillas y tu espalda se resienten, el cuerpo te pide horas extra de descanso, sin tenerlas, puedes sentir que la mayor parte del trabajo recae sobre tí y hay veces que te ves repitiendo “no” más de las que te gustaría. ¿Emocionalmente? No todos compartirán tus criterios a la hora de criar a tus hijos (¡no la dejes que se manche!) y habrá quien no respete que eres tú quien pone las reglas. Puede, incluso, que le pase factura a la pareja o ésta se resienta tanto que no llegue a superarlo.

En todo caso, los momentos malos también nos llegan a nosotras, y por partida doble, ¡¡o triple o…!!!

Me he encontrado un libro que me ha parecido muy interesante y práctico, mi próxima lectura, y quería compartirlo: “El arte de no amargarse la vida”, de Rafael Santandreu.

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