¿Leemos? “Platero y yo”

Hace unas semanas, mi marido y yo decidimos abrirle una cuenta en el banco a nuestra pequeña, para tener dinero ahorrado por si el día de mañana ella quiere estudiar, algo que hoy en día es un lujo. Pues me fui allí con un dinerito que tenía ella en su hucha y se la abrí en el banco que tenemos de toda la vida. Cuál fue mi sorpresa, me regalaron un libro que fui a recoger a las dos semanas. Otra agradable sorpresa me la llevé al ver de qué libro se trataba: Platero y yo en su versión para niños. Nosotras nos lo hemos leído y nos ha encantado. Aquí os dejo el principio del libro para que os animéis a comprarlo y a leérselo a vuestros peques:

¿Cómo era Platero?

Platero era pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera que parecía que no tenía huesos, que era de algodón. Pero sus ojos, negros, era como espejos de azabache –esa reluciente piedra negra- porque eran duro como dos escarabajos de cristal.

Cuando lo dejaban suelto, se iba al prado. Con su hocico acariciaba las flores rosas, azules, amarillas. Y cuando lo llamaban, cuando oía su nombre-¡Platero!-, acudía enseguida trotando tan alegremente que parecía que se reía, que sonaban cascabeles.

Comía lo que le daban. Le gustaban las mandarinas, las uvas de color amarillo, transparente, como el ámbar, los higos morados…

Era tierno y mimoso como un niño, como una niña; pero, en cambio, por dentro era fuerte y seco, como una piedra. Los domingos, cuando Juan Ramón, montado en él, llegaba a las calles del pueblo que daban a campo, se quedaban mirándolo y le decían:

-Tien´asero…

Y es verdad que tenía “acero”, porque era duro por dentro como el acero, pero por fuera era suave y peludo. Algún anochecer, cuando Platero y su amo entraban en el pueblo, lleno de la luz morada del crepúsculo, por una calle muy humilde que daba al rio seco, los niños pobres jugaban a ser mendigos: uno se ponía un saco en la cabeza, otro se hacia el cojo. Pero enseguida se olvidaban de su papel de pobres, y presumían de lo que tenían sus padres. Uno decía:

Mi pare tié u reló e plata.

¡Su padre tenía un reloj de plata!

la foto

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8 pensamientos en “¿Leemos? “Platero y yo”

  1. Me parece una idea estupenda de regalo. No tanto los relojes de plástico (que para niños o bebés no sirven), o entradas para algo. Así si vale la pena abrirles una cuenta.

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